En el dia de hoy, Yanko Lucero predica sobre Juan 5:1-18. El tiene tres puntos.
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Muy buenos días, mis hermanos.! Capítulo 5 de Juan.
Busquen en sus Biblias el capítulo 5 de Juan. Vamos a estar leyendo la porción que va desde el verso 1 hasta, voy a leer, vamos a leer hasta el 18.
Sí, hasta el 18, vamos a estar leyendo. Bueno, hoy vamos a predicar acerca de, el título es Jesús sana y salva.
Dice así. Después de estas cosas, había una fiesta de los judíos y subió Jesús a Jerusalén. Y en Jerusalén, cerca de la Puerta de las Ovejas, un estanque llamado, en hebreo, Betesda, el cual tiene cinco pórticos.
Estos yacía una multitud de enfermos, ciegos, cojos y paralíticos, que esperaban el movimiento del agua. Porque un ángel descendía de tiempo en tiempo al estanque y agitaba el agua.
Y el que primero descendía al estanque, después del movimiento del agua, quedaba sano de cualquier enfermedad que tuviese. Y había allí un hombre que hacía 38 años que estaba enfermo.
Cuando Jesús lo vio acostado y supo que llevaba ya mucho tiempo así, le dijo, ¿quieres ser sano? Señor, le respondió el enfermo, no tengo quien me meta en el estanque cuando se agite el agua.
Y entre tanto que yo voy, otros descienden antes que yo. Jesús le dijo, levántate, toma tu lecho y anda. Y al instante, aquel hombre fue sanado y tomó su lecho y anduvo.
Y era día de reposo aquel día. Entonces los judíos dijeron a aquel que había sido sanado, es día de reposo, no te es lícito llevar tu lecho.
Él les respondió, el que me sanó, el mismo que me dijo, toma tu lecho y anda. Entonces le preguntaron, ¿quién es el que te dijo, toma tu lecho y anda?
Y el que había sido sanado, no sabía quién fuese porque Jesús se había apartado de la gente que estaba en aquel lugar. Después le halló Jesús en el templo y le dijo, mira, has sido sanado, no peque más, para que no te venga alguna cosa peor.
El hombre se fue y dio aviso a los judíos que Jesús era el que le había sanado. Y por esta causa los judíos perseguían a Jesús y procuraban matarle porque hacía estas cosas en el día de reposo.
Y Jesús les respondió, mi padre hasta ahora trabaja y yo trabajo. Por esto los judíos aún más procuraban matarle porque no sólo quebrantaba el día de reposo, sino que también decía que Dios era su propio padre haciéndose igual a Dios.
Vamos a orar, mis hermanos. Amado Dios, Padre Celestial, nos encomendamos a ti. Queremos pedirte, Señor, que nos guíe con tu espíritu, que nos llene con tu presencia en este momento en que tu iglesia está reunida para escuchar tu palabra.
Procura que todos estemos a una escuchando tu palabra para aplicarlas a nuestras vidas y para crecer en el conocimiento de ti y de tu Hijo Jesucristo.
Y que podamos, a través de esta comprensión, vivir una vida que te honre y te dé gloria a ti. Te pedimos que de esta manera podamos hacer tu voluntad y que salgamos de aquí sabiendo que tu Hijo es el único que puede traernos salvación y sanidad espiritual.
En el nombre de Jesús. Amén. Muy bien. Hoy vamos a ver esta porción y vamos a ver tres puntos específicos.
Los tres puntos que vamos a ver. Una señal es realizada. Todos, el segundo punto, todos anhelamos el alivio y nadie quiere sufrir.
Y Dios se revela y nuestros corazones son expuestos. Y allí concluiremos con una reflexión. Aquí lo primero que encontramos es, en este pasaje, una multitud de enfermos.
En el versículo 3 se nos dice que había una multitud de enfermos, ciegos, cojos y paralíticos que esperaban el movimiento del agua. Lo primero que vemos aquí es la enfermedad.
La enfermedad no es otra cosa que la alteración del funcionamiento normal del cuerpo. En Génesis 3, 7 y 8, después del pecado, después que el hombre pecó, vino la separación con Dios.
Y en esta separación con Dios hubo una muerte espiritual. La muerte espiritual dio como consecuencia el hecho de que el hombre comenzara a morir en su cuerpo físico.
Primero la muerte espiritual, la separación con Dios por la desobediencia. Y luego la consecuencia física, la muerte.
En Génesis 3, 16, Dios le dice al hombre, maldita será la tierra por tu causa. Así que nosotros encontramos que la enfermedad es una consecuencia de la corrupción del alma.
No estamos diciendo con esto que cualquier condición de enfermedad nos diga a nosotros que nosotros estamos pecando. Pero estamos diciendo que como consecuencia de un mundo corrupto y caído, la enfermedad es parte de la naturaleza de nuestras vidas.
Tenemos que convivir con esto hasta que nos llegue la muerte. San Jerónimo, en su versión vulgata latina, traduce el diálogo de Dios con Adán en Génesis 2, 17, de esta manera.
El día que de él comiere, refiriéndose al fruto del árbol, muerto morirá. Esta es una traducción interesante porque en el hebreo, esta es la porción correcta que dice, primero muerto por la separación de Dios y el hombre por causa de la desobediencia, y luego la muerte física.
Primero la muerte espiritual y luego la muerte física. Así que la enfermedad, aunque no es pecado en sí misma, es el efecto de la corrupción del alma en la carne.
Irónicamente, la muerte es una evidencia del amor de Dios y la misericordia para una raza caída. Una raza subida en la corrupción y en la enfermedad.
Parece irónico, pero es la muestra de amor de Dios, porque si el hombre hubiera comido del árbol de la vida, ustedes se imaginan, en un mundo corrupto, en un mundo lleno de enfermedad, en un mundo lleno de maldad, nos vamos a quedar en el ámbito de la enfermedad, una persona padeciendo eternamente de cáncer.
Así es que la misericordia de Dios también actuó inmediatamente después de la caída, expulsando al hombre del huerto para que no tuviera alcance del árbol de la vida.
Dios acortó la vida, pero prometió una esperanza en Jesucristo. En él tenemos esperanza, esperanza de vida eterna, y como se describía ahorita en el Salmo hace un momento, de una vida plena, llena de gozo, sin corrupción, sin maldad, sin enfermedad.
Es por eso que nosotros, si miramos este texto, nos podemos encontrar allí, en ese grupo de personas. En esa multitud de enfermos, que el verso 3 dice, y en estos yacía una multitud de enfermos, ciegos, cojos y paralíticos, que esperaban el movimiento del agua.
Siempre estamos buscando la manera de estar sano. Es una lucha constante del hombre en la vida por estar sano, por estar lejos de la enfermedad.
Es incómodo estar enfermo, no es bueno. Eso altera todo nuestro espíritu, todo nuestro ser. Una pequeña enfermedad, una caída, y comenzamos a sentirnos que desesperadamente tenemos que buscar medicamentos, médicos, asistencia, porque no es cómodo estar enfermo.
De hecho, las expectativas de cuando, desde el nacimiento, desde la concepción, cuando estamos esperando tener un bebé, es, ¿y vendrá sano?
¿Sí? Y cuando nos dicen, ya nació, y nos llaman de un sobrino, de alguien, nació sano, como nació fuerte, y esa es la noticia que queremos.
Pero si escuchamos lo contrario, un dolor inmenso nos colma el corazón. Y desde la juventud a la vejez, la enfermedad es una sombra, una maldición de la que estamos tratando de escapar siempre, buscando medios y formas de escapar.
Terapias, píldoras, gimnasio, yoga, todo por la salud. Todo por la salud. Encontramos en estos versos, y en este pasaje, una competencia.
En el versículo 4, dice que el que primero descienda, o descendía, quedaba sano. Dice en el versículo 4, en la segunda parte, que como había un ángel que descendía de tiempo en tiempo al estanque y agitaba el agua, y el primero que descendía al estanque, después del movimiento del agua, quedaba sano de cualquier enfermedad que tuviese.
Nosotros estamos viendo aquí la competencia que nosotros mismos vivimos en nuestras vidas. Estos versos nos dicen que el estanque de Bexeda es como, me imagino, una sala de emergencia abarrotada de enfermos, buscando la forma de que se le atienda rápidamente de su dolencia.
¿Y saben qué? He vivido experiencia en la que tú llevas un familiar o uno mismo y llega a la sala de emergencia por uno mismo, y uno se desespera, y uno hasta le grita a los médicos, ¿por qué no lo van a atender?
Realmente, hay otras personas que están atendiendo primero. Si no llegaste con el 911, todo es un orden. Los que llegan en la ambulancia siempre lo atienden primero.
Así vemos en estos pasajes que ese lugar estaba abarrotado de enfermos, buscando la manera de quién llegaba primero, quién iba a ser atendido primero.
En esa competencia vivimos nosotros a diario, todo por la salud nuestra. Y en realidad, todo el mundo estaba buscando el alivio.
Eso muestra que en estos pasajes, estas personas, en aquel tiempo, que dependían de ese movimiento del agua y de ese ángel que descendía, había una búsqueda de quién llega primero, quién puede ser atendido, quién puede ser sanado.
En el verso 5 nos encontramos con este hombre que tiene 38 años sufriendo, haciéndolo imposible por ser atendido en la sala de emergencia de besteza.
Este hombre dice aquí, en el verso 5, que tenía 38 años que estaba enfermo, lo cual denota un largo sufrimiento y un estado de desesperación, porque él estaba cerca de ser sanado, pero no podía.
Créanme que es más duro para uno cuando uno no tiene posibilidades, que cuando uno tiene la posibilidad y no la alcanza.
No sé si lo han vivido, pero cuando uno llega a un lugar y comienza a buscar asistencia médica y no le ayuda a ese médico.
Uno va a otro médico y a otro y a otro. Y así uno se desespera. Pero cuando uno encuentra un médico que le resuelve a uno, que le dice a uno lo que debe hacer y que le receta a uno las prescripciones correctas y uno la encuentra y encuentra alivio, ¡ah! ¡Qué bien se siente uno, no!
Todos estamos buscando alivio, todos anhelamos querer vivir sin sufrimiento, sin dolor. En el versículo 5, Jesús le habla a este hombre.
Él no sabe quién es Jesús. En los versos 12 y 13 se nos dice que cuando los judíos le preguntan a él, él no sabe porque Jesús se había apartado de toda la gente que estaba allí y él no sabe ni siquiera dar una explicación de quién lo sanó.
Así que Jesús allí está en el verso 5 hablando con este hombre y le dice, en el verso 6 dice, ¿Quieres ser sano?
Por su respuesta, por la respuesta que el hombre le da, podemos inferir dos cosas. Él encontró con quién desahogarse.
El hombre comenzó a desahogarse. Buscó sensibilizar a la persona que estaba al lado de él para provocar una ayuda para llegar al estanque a tiempo. Así que nosotros vemos que este hombre, en su estado, cuando encuentra a alguien que se interesa por él, él le cuenta, él le dice, no tengo quien me meta en el estanque, en el versículo 7, cuando se agita el agua, y entre tanto que yo voy, otros descienden antes que yo.
Él se está desahogando, pero a la vez le está planteando algo a Jesús. Pero él no sabe quién es Jesús. Él le está diciendo con esto, ¿Puedes ayudarme de alguna manera a llevarme al estanque?
Esa es la única forma que él piensa, porque él no sabe quién es Jesús. Él no sabe que Dios está a su lado, que está hablando con él. Así que podemos inferir esto por su respuesta.
Él busca esa sensibilidad para poder encontrar esa ayuda en esta persona y ser llevado a tiempo. Ahora podemos hacernos una pregunta sobre este diálogo.
¿Se parece este diálogo al que tenemos nosotros con Jesús? Es bueno que pensemos un poco en esto, porque en este diálogo nosotros sí sabemos quién es Jesús.
conocemos a Jesús. Sin embargo, a veces parece que no lo conocemos, por la forma en que establecemos este diálogo con él.
Buscamos sensibilizar a Jesús para que nos ayude con lo que nosotros necesitamos y queremos. Pero Jesús sabe de antemano lo que nosotros necesitamos y queremos. Jesús nos conoce.
No dejamos que Jesús nos pregunte, ¿quieres ser sano? Nos incomoda eso un poco, porque nosotros queremos plantearle a Jesús cuál es la forma en que nosotros queremos que él nos ayude.
y no queremos aceptar otra cosa, sobre todo porque no nos gusta que Jesús se meta en nuestra vida de pecado, porque nosotros queremos seguir haciendo siempre lo que hacemos a nuestro modo y a nuestra manera.
En el verso 8, Jesús le habla, Jesús le habla, en el verso 8, y le dice, levántate, toma tu lecho y anda.
No hay terapia. Allí no hay terapia. No hay tratamiento médico.
No. No hay pastillas. No hay examen médico. No hay un diagnóstico. Jesús no es un médico.
Jesús no es un médico. No. Jesús le habla, en el verso 8, toma tu lecho y anda.
No es magia, tampoco es magia. Jesús no está recitando un abracadabra, una palabra mágica, un mantra. No. Jesús no es un mago.
Jesús no está haciendo algo raro. Jesús le dice, toma tu lecho y anda. Para nosotros esto es como un milagro.
De hecho, todo el que lo lee, dice, esto es un milagro. No estamos acostumbrados a ver este tipo de cosas. Eso es en películas. Nunca he visto eso. Con toda honestidad, nunca he visto a alguien que se pare del lado de alguien, que esté 38 años enfermo, sufriendo, y que le diga, toma tu lecho y anda, y que mis ojos lo hayan visto.
No sé ustedes, pero yo no he visto eso. No estamos acostumbrados a eso. Pero lo leemos como que sí, como que esto pasa, ya es natural. Sobre todo cuando, como dije en la otra predica, hay muchas iglesias que hacen show con este tipo de cosas.
Y sabemos que todo es una falacia. Pero este tipo de cosas no se ven. Lo que está diciendo Juan aquí, es un caso único.
Juan Llamiento, dice la palabra, quedó sano. Al instante. Juan llama a esto semeión.
Un letrero, una señal, no un milagro. Dice semeión, en el original. Y esto quiere decir que es un letrero, una señal, que apunta a la Deidad de Cristo y el hecho de que Él es el Hijo de Dios, el Verbo hecho carne, el único en quien hay salvación y el único en quien hay sanidad.
Él está señalando a aquel que tiene autoridad con su palabra de transformar todas las cosas, de crearlas.
Es un letrero, una señal hacia aquel que tiene poder y autoridad para orar incluso en el día de reposo. No nos creamos igual que Él.
Muchas personas piensan, mi ejemplo es Cristo. Muy bien, correcto. Pero pon tus límites, fija tus límites.
O tú podrías salvar la humanidad en una cruz. No. ¿Puedes decirle a alguien que está 30 años, enfermo, 38 años, toma tu lecho y anda?
No. Mis queridos hermanos, Jesús se revela, Dios se revela e inmediatamente se revelan nuestros corazones.
Se exponen. Y ese es el Evangelio. El Evangelio es este. Que siempre que Dios da su anuncio, inmediatamente nosotros tenemos que reconocer que necesitamos de Él porque no somos capaces.
Porque nuestros corazones están llenos de maldad. Aquí vemos entonces el conflicto que surge entre los versículos del 10 al 16.
Y en este conflicto vamos a leer del verso 10 en adelante rápidamente y vamos a ver algunas cosas. En el verso 10 dice, entonces, después del hombre estar sano, Él les respondió, en el verso 10 dice, Entonces los judíos dijeron a aquel que había sido sanado, es día de reposo, no te es lícito llevar tu lecho.
Él les respondió, el que me sanó, el mismo, me dijo, toma tu lecho y anda. Entonces les preguntaron, ¿quién es el que te dijo, toma tu lecho y anda?
Y el que había sido sanado no sabía quién era Jesús. Porque Él se había apartado de la gente que estaba en aquel lugar. Vemos allí cómo el hombre comienza a buscar, cómo se comienza a exponer el corazón del hombre, a buscar quién es este que se está metiendo y está haciendo algo en nuestras vidas anormal.
Primero, sabemos que este hombre tiene 38 años, ahora está sano. Eso le molesta parece. Eso le molesta a nuestros corazones. Pero también le molesta y quieren saber por qué lo hace en el día prescrito para el descanso.
No reconocen la autoridad del Hijo de Dios, del Dios hecho carne. Y allí comienza un conflicto.
Y este conflicto muestra nuestra enfermedad interior. La enfermedad del alma, no la enfermedad física. Porque nosotros podemos leer en estos versos que Jesús sanó a un hombre de su enfermedad física.
Pero el hombre continuó enfermo en su corazón. Jesús tuvo compasión de su problema físico. Y Jesús le advirtió del problema de su corazón.
Fíjense que en los versículos que continúan vemos algunas cosas interesantes. Jesús había buscado a este hombre para sanarlo en el versículo 6.
Jesús toma la iniciativa. Jesús siempre viene a nosotros para darnos a nosotros bienestar. Y viene primero. Y Jesús en el versículo 6 lo muestra.
En segundo lugar. Viendo la iniciativa de Jesús buscar a este hombre para sanarlo. Vemos también que en el verso 14.
Jesús le volvió a buscar a él. Dice que le volvió a buscar y que le halló Jesús en el templo. Y le dijo, mira, has sido sanado. No peques más para que no te venga alguna cosa peor.
Aún siendo sanado y contando con Dios de nuestro lado. No nos guiamos por su consejo. El hombre inmediatamente Jesús le dijo eso.
Él tomó nota de quién era y lo delató. ¿Se fijan cómo surge inmediatamente en esta trama todo lo que somos nosotros delante de Dios?
Es como dice Jesús cuando habla con Nicodemo. El que hace la cosa en la claridad del día no tiene nada que ocultar. Pero ustedes, las autoridades de este pueblo le dicen a los fariseos.
Ustedes hacen las cosas ocultas de noche. Allí vemos cómo es expuesto esto.
Podemos concluir de la siguiente manera. En el capítulo 47 de Ezequiel encontramos algo interesante.
Que podemos conectar con esto. Que nos puede ayudar a nosotros a concluir de una manera que podamos entender de qué se trata no solamente este capítulo, el 5, sino el 4, el 3, el 2 y el 1 de Juan.
Porque Juan está haciendo unas conexiones maravillosas con el Antiguo Testamento a través de lo que Jesús dice y revela. En el capítulo 47 del 1 al 12, prácticamente el capítulo entero, el profeta tiene una visión y ve que desde el templo donde le es enseñado por el varón de Dios, como se revela allí, sale agua limpia que purifica todo lo que se va tocando esa agua.
Y cuando ustedes leen todo ese capítulo, ustedes se dan cuenta que esta agua vuelve todo fresco y verde y sana y es una agua que va saliendo del templo y va creciendo y va creciendo en un río hasta que se vuelve todo una cantidad de agua, de agua viva que hace reverdecer todos los árboles y al pueblo.
Esto parece algo contradictorio porque lo que nosotros vemos en el Antiguo Testamento es que hay unos estanques y que uno debe purificarse para entrar al templo.
Ahora vemos en Ezequiel que desde el templo mismo sale la purificación a buscar a los hombres y sobre toda la tierra comienza a traer sanidad. El agua que sale del templo, el agua viva que va creciendo y sanando toda la tierra se personifica en Jesús en el Nuevo Testamento.
Es como él le dijo a la samaritana, no es en este templo ni en el de ustedes, es en espíritu y verdad. Y no es esa agua, es esta que yo te voy a dar, que salta para vida eterna.
Y nosotros vemos aquí que esta agua que sale del templo es una agua viva en Ezequiel. No es el agua de Betesda, que un ángel tiene que venir de vez en cuando, donde hay competencia para poder ser sanado.
No es el agua de la samaritana, que como le dice Jesús, esa agua que tú me das, todo el mundo va a tener sed siempre, de la que yo te doy. Y no, no es el agua de la tinaja de la boda de Canaán.
¿La recuerdan? Que él la convierte en vino para inaugurar su ministerio. Es Jesús la fuente de agua que salta para vida eterna y está disponible hoy aquí.
Hemos venido a reunirnos todos para tener comunión con él. Aquellos que no le conocen están invitados. A esta reunión. Considera como este hombre que Jesús viene a ti primero, hace llegar por su soberanía tu presencia aquí, y que hoy es el día de salvación.
Y considera que este hombre mostró su corazón. Tú puedes mostrar el tuyo también. Ve delante de Dios, de Jesús, en este momento.
Reconoce tus pecados. No haga como este hombre que se vio su corazón, pero le dio rienda suelta a su pecado. Reconoce tu pecado hoy.
Arrepiéntete y se salvo. Si estás visitando. Para ti, hermano, hermana, que te encuentras aquí. En Apocalipsis 22, del 1 al 2, nosotros vemos una profecía cumplida de aquello que dijo Ezequiel y que se le reveló a Ezequiel.
Dice, después me mostró un río limpio de agua de vida resplandeciente como cristal que salía del trono de Dios y del Cordero. Esa agua de vida te ha transformado.
Hoy es el día para que vuelvas a considerar que somos pecadores, que constantemente en nuestros corazones, como los de este hombre, está buscando hacer su propia voluntad y no la voluntad de Dios.
Ven a Él hoy. Confiésale a Él lo que has hecho. Tú sabes que Él te ha perdonado y Él te seguirá perdonando. Pero considera, por sobre todas las cosas, hacer su voluntad y no volver a pecar más.
Vamos a orar. Amadísimo Dios, Padre Celestial, te damos gracias, Señor, por tu palabra, por la manera en que tú, a través de ella, nos hace ver que tú has movido los cielos para venir y estar primero, sacrificarte primero, buscarnos primero y mostrarnos a nosotros tu amor y tu misericordia y tu gracia.
Gracias por tu Hijo Jesucristo, Señor, que es la fuente de agua viva que salta para vida eterna y que está disponible. Padre, te pedimos que nos ayude a hacer tu voluntad, a arrepentirnos de nuestros pecados y a no cometerlos más.
Ayúdanos a cambiar de dirección. Eso es lo que tú llamas arrepentimiento. Y mirarte a ti y mirar la cruz de Cristo. Nosotros sabemos que en esta lectura se comenzó a hacer todo un complot que culminó en la cruz, mostrando la maldad del hombre.
Pero tú nos has llamado para redimirnos. lávanos con tu sangre y llénanos de tu presencia. Que este día sea propicio para nosotros en ti, Señor.
En el nombre de Jesús. Amén.